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Pagina 7 de 7 David Lean, John Boorman, Alan Parker, Nicholas Roeg y Ridley Scott son ejemplos de directores británicos que se han impuesto en el panorama internacional. Entre los que no lo han hecho estaría Peter Greenaway cuya película El contrato del dibujante (1982), coproducida por el British Film Institute y el Channel Four, fue un éxito de crítica, que ha ido descendiendo en sus películas posteriores (El vientre de un arquitecto, 1987, y El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, 1989). La verdad es que el cine británico, desde un punto de vista amplio, que abarcaría sus logros relativamente desconocidos desde finales de 1970 hasta 1990, tiene más que ver con el compromiso airado de la década de 1960, que cuestionaba la tradición y examinaba emocionalmente terrenos moralmente inquietantes, que con las tendencias posteriores. Los trabajos de estudio de Terence Davies, Voces distintas (1988), The long day closes (Acaba el largo día, 1992) y Neon bible (La biblia de neón,1995); Grandes ambiciones (1988), Life is sweet (La vida es dulce, 1991) y Naked (Desnudos, 1993), de Mike Leigh; Agenda oculta (1990), Riff Raff (1991), Ladybird, ladybird (1994) y Tierra y Libertad (1995) --que tiene como argumento los enfrentamientos durante la Guerra Civil española de 1936--, de Ken Loach; las películas del último Derek Jarman, Jubilee (1978), Caravaggio (1986) y Eduardo II (1991); la coproducción internacional de Sally Potter Orlando (1993); y las realizaciones de Stephen Frears (director en Estados Unidos de Las amistades peligrosas, o Los timadores), Mi hermosa lavandería (1985), Ábrete de orejas (1987), Sammy y Rosie se lo montan (1987), y Café Irlandés (1993), son ejemplos a destacar por su inspiración y frescura. Con otro tono y expectativas, Figment Films aporta una nueva visión al panorama cinematográfico inglés. Producciones como Trainspotting (1996) o Una historia diferente (1997), ambas de Danny Boyle, toman como modelo el estilo de realizadores estadounidenses como Martin Scorsese o los hermanos Coen en un claro intento de acercarse al cine de autor más comercial. Detrás de esta productora está el apoyo de empresas como Polygram o Twentieth Century Fox, que además de financiación aportan su experiencia en el terreno de la publicidad y la distribución, dos de las piedras angulares del mercado cinematográfico.
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