|
Pagina 6 de 7 Esta nueva vitalidad, que Lindsay Anderson y sus colegas representaron, tomaría un nuevo rumbo en la década de 1960, bajo el influjo de la cultura joven y su énfasis en la moda y la música pop. El Reino Unido, con sus ventajas financieras para los productores, se convirtió en un foco de atracción para la producción cinematográfica internacional. En Blow-up (1966), obra basada en un relato de Julio Cortázar, el director italiano Michelangelo Antonioni mostró la década de 1960 londinense como una distracción comercialmente manipulada para ocultar los problemas políticos sin resolver que afrontaba el país. Esta visión del Reino Unido era compartida por Joseph Losey, expatriado estadounidense (perseguido por la 'caza de brujas' maccarthysta) que en un estilizado análisis --El sirviente (1963), Modesty Blaise, superagente femenino (1966) y Accidente (1967)-- asumía un punto de vista despectivo en su obsesión por mostrar las clases sociales y el sexo. Entre otros directores estadounidenses, Richard Lester, que había dirigido la película jazz-pop It's trad, dad (Son los negocios, papá, 1962), daría un paso importante en su trayectoria con ¡Qué noche la de aquel día! (1964) y Help! (¡Socorro!, 1965), dos comedias, protagonizadas por The Beatles. En 1964, Roger Corman dirigió, también en el Reino Unido, dos de sus películas de terror más admiradas, La máscara de la muerte roja, y La tumba de Ligeia. Aparte de Losey, el gran impacto desde Estados Unidos vendría de la mano de Stanley Kubrick con 2001: una odisea del espacio (1968), y La naranja mecánica (1971), que introdujeron procedimientos técnicos entonces desconocidos en el Reino Unido. El cine británico actual Al comienzo de 1980, el gobierno Thatcher retiró el apoyo financiero a la producción que funcionaba a través de la NFFC y la Eady Fund, con lo que la cofinanciación televisiva, inicialmente fomentada por la emisora independiente Channel Four, coproductora de películas de cine, pasó a ser crucial para la supervivencia de la industria. Esto abrió el camino a una de las principales vía de financiación del cine británico, a la que se sumaron las aportaciones de productoras internacionales, como en el caso de la película El paciente inglés (1996), realizada por el británico Anthony Minghella con financiación estadounidense. La BBC --siguiendo la pauta del Channel Four-- es otra de los bases económicas del cine británico, buscando acuerdos de financiación en Europa y Estados Unidos, salidas a la exhibición en salas, antes que a la emisión televisiva, y tratando de conseguir ese difícil equilibrio entre los requerimientos comerciales y la expresión artística individual. En 1997, el Arts Council se convirtió en un medio más de apoyo al cine, esta vez por parte del Estado, gracias a fondos procedentes de la Lotería Nacional. Aunque ha conocido algún éxito comercial espectacular, como el de Cuatro bodas y un funeral (1994), de Mike Newell, que se recrea en la tradición británica más vendible, el cine inglés reciente ha tenido éxito sólo de forma intermitente, como es el caso de Los amigos de Peter (1992), dirigida por Kenneth Branagh, Billy Eliot (2000, de Stephen Daldry) y El diario de Bridget Jones (2001, de Sharon Maguire).Las superproducciones de Enigma-Goldcrest Carros de fuego (1981, Hugh Hudson) y Los gritos del silencio (1984, Roland Joffe), producidas por David Puttnam, indican que el cine británico con alcance comercial aún debe ser tenido en cuenta sólo por sus excepciones.
|