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Pagina 5 de 7 Este sentido de lo inglés de la productora Ealing fue tendiendo gradualmente a la excentricidad, con la comedia Pasaporte a Pimlico (1948); o la obra maestra de Robert Hamer Ocho sentencias de muerte (1949), en la que Alec Guinness representa una camaleónica galería de ocho personajes distintos; Oro en barras (1951) y Los apuros de un pequeño tren (1953), de Charles Crichton; o El hombre del traje blanco (1951) y El quinteto de la muerte (1955), de Alexander Mackendrick. Comedias o no, las películas de la Ealing eran inequívocamente británicas: Frieda (1947), de Basil Dearden, analizaba la noción británica de la 'culpa de la guerra', mientras que El farol azul (1950) fue la primera película en presentar al policía inglés (bobby) más como asistente social que representante de la ley. Sin embargo, la Ealing estaba como la Inglaterra que a menudo representaba en sus producciones: cansada, agotada por la guerra y sus privaciones, y tuvo que cerrar en 1959. Uno de sus montadores, Seth Holt, dirigiría una de sus última películas, el estilizado e incluso amanerado thrillerNowhere to go (Ningún sitio adonde ir, 1959), catalizador de toda una serie de producciones independientes que seguirían con asuntos más o menos negros, como Hell is a city (El infierno es una ciudad, 1960), Cada minuto cuenta (1961), y The small world of Sammy Lee (El pequeño mundo de Sammy Lee, 1963). El cine inglés era aburrido para la mayoría del público, y la nueva inspiración llegaría del teatro, que estrenaba obras nuevas y a menudo polémicas. Su modelo fue Mirando hacia atrás con ira (1956), de John Osborne, que acuñó la expresión 'jóvenes airados', que englobaba al propio Osborne, a Tony Richardson, Karel Reisz y Lindsay Anderson. A través de su movimiento, el free cinema (cine libre), estos jóvenes autores clamaban por la independencia artística de un cine inglés menos anclado en los valores tradicionales y los triunfos pasados, que se ocupara más de las preocupaciones y aspiraciones contemporáneas. El modelo, aunque con un mayor compromiso social, era la nouvelle vague (la nueva ola) francesa, que con su espíritu y sentido de autodescubrimiento mostraba por aquel entonces un nuevo abanico de posibilidades cinematográficas. El momento histórico sin embargo no fue captado primero por el Free Cinema, sino desde una fuente más tradicional, la Remus, de John y James Woolf Remus, quienes produjeron Un lugar en la cumbre (1959), de Jack Clayton, a partir de la novela de John Braine, y que, por primera vez dentro del cine británico, trataba asuntos para adultos. Osborne, Alan Sillitoe, David Storey, y otros escritores suministraron la base literaria para un cambio radical en la producción independiente (las productoras Woodfall, Bryanston e Independent Artists, que harían películas como la ya mencionada Mirando hacia atrás con ira, (1959); Un sabor a miel, (Tony Richardson, 1961); Sábado noche, domingo mañana, (Karel Reisz, 1960); y El ingenuo salvaje, (Lindsay Anderson, 1963). La última sería un fracaso comercial y la Rank Corporation, que la distribuía, volvió la espalda a la financiación de estos 'dramas de fregadero'.
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