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Pagina 7 de 7 Presente y futuro del cine francés Las películas francesas obtienen con frecuencia buenos resultados de taquilla, como Los visitantes (1992, Jean Marie Poiré), uno de los mayores éxitos comerciales europeos de principios de la década de 1990. Pero la pasión y el carácter experimental que caracterizaron las obras maestras de la edad de oro o la nouvelle vague inicial son hoy difíciles de encontrar. Incluso muchos de los más recientes experimentos de Godard, o un proyecto tan personal como el de Bertrand Tavernier en Daddy Nostalgie (1990), parecen emocionalmente blandas en comparación con las de épocas pasadas. Parte del problema procede probablemente de un cambio en los sistemas de exhibición producido a finales de la década de 1980, que no era otra que la adopción en Francia de las políticas de marketing de Hollywood: un alto presupuesto en publicidad y la exhibición simultánea de una sola película hasta en 50 salas. Así, no queda espacio de exhibición y los canales de distribución se estrechan (y con ello la producción independiente) al no dar lugar a que una película más arriesgada o más personal gane audiencia gradualmente, como resultado de la recomendación de espectador a espectador. Quedan pocas películas con posibilidades de distribución autónoma, y éstas deben ser apoyadas por una fuerte inversión promocional-publicitaria, que determinará a la postre una actitud muy conservadora en las grandes productoras y distribuidoras. Aunque haya grandes estrellas, como Gérard Depardieu, al que se le recuerda desde sus primeros trabajos con Truffaut hasta sus más recientes éxitos como el Cyrano de Bergerac (1990) de Jean-Paul Rappeneau, basado en la obra de Edmond Rostand, las estrellas por sí solas no crean las películas, aunque contribuyan a su grandeza.
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