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Pagina 5 de 7 Hay dos tipos de apoyos disponibles: uno que consiste en la distribución de cierta cantidad de dinero a una película en función de sus ingresos en taquilla (lo que se supone que ayudará a financiar nuevas producciones), y otro que concede subvenciones previas al rodaje, como adelanto de los ingresos posteriores. Estas ayudas se constituyeron en 1960, por lo que desempeñarían un papel esencial apoyando financieramente los inicios de la nouvelle vague. Todavía hoy supone un apoyo inestimable para los cineastas independientes. Aunque bastantes actores y directores, entre ellos Jean Renoir que se instaló en Estados Unidos, abandonaron el país tras su caída en poder de los nazis en 1940, quedaron los suficientes como para mantener la continuidad con la década anterior. Carné y Prévert harían su mejor película, Los niños del paraíso (distribuida en 1945, tras la liberación), mientras que Lumière d'été (Luces del verano) y Le ciel est à vous (El cielo es vuestro) muestran a Grémillon en su mejor momento. El cine francés tras la II Guerra Mundial En la década de 1940, los principales nuevos realizadores fueron Robert Bresson y Jacques Tati. Las historias de redención del primero, desde Las mujeres del bosque de Bolonia (1945), Diario de un cura de campaña (1950), Un condenado a muerte se ha fugado (1956), El azar de Baltasar (1966), hasta El dinero (1983) rezuman una austeridad estilizada y un rigor que durante más de treinta años distinguirían su trabajo del de otros cineastas. Días de fiesta (1949) sería el debut de Tati en los largometrajes, al que seguirían Las vacaciones de monsieur Hulot (1953), en la que introduce a su personaje cómico característico, un enloquecido fumador en pipa, que él mismo interpreta en ésta y en sus siguientes películas. Sus gestos, movimientos y ruidos (sin diálogos), serían las piedras angulares del arte de Tati que le llevarían a Mi tío (1958), su mayor éxito y Playtime (1967), donde hace un uso innovador de la película en 70 milímetros. Renoir y Max Ophuls, huidos de los nazis durante la guerra (Ophuls, judío alemán, ya había huido antes a Francia por la misma razón), volverían de Hollywood en la década de 1950, para proseguir su labor. En el caso de Ophuls dio frutos como La ronda (1950), El placer (1952), Madame de... (1953) y Lola Montes (1955), obra maestra del CinemaScope mutilada antes de su exhibición, que son quizá sus mejores logros. Con él había llegado también su hijo Marcel, hoy una gran figura del documental, de entre cuyas películas destacan Le Chagrin et la pitié (1971), crónica de Clermont-Ferrand durante la ocupación alemana, realizada para la televisión francesa, que se negó a emitirla, y Hotel Terminus (1988), sobre las actividades del nazi Klaus Barbie, producida sin ningún apoyo financiero francés, por la causticidad de su análisis de la Francia ocupada por los nazis. En otro orden de cosas, el éxito de las películas de Roger Vadim protagonizadas por Brigitte Bardot, de las que Y dios creó a la mujer (1956), fue el primero, mostraron que había un mercado potencial para las películas dirigidas a los jóvenes espectadores, nuevos y numerosos. Algunos productores franceses comenzaron a respaldar a otros jóvenes cineastas capaces de trabajar rápido o con recursos mínimos.
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