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Pagina 3 de 4 Antes, en la década de 1940, se había fundado el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica de la República Mexicana (STPCRM), todopoderosa institución que afianzó la producción nacional. Por otro lado, Emilio Fernández había rodado La perla (1945), sobre guión de Steinbeck, Enamorada (1946), Río Escondido (1947) y Pueblerina (1948), que son algunas de las mejores películas del cine mexicano. Mientras los éxitos de Cantinflas le encumbraban en una popularidad inigualada, durante las décadas de 1950 y 1960 se produjo una nueva decadencia industrial y artística de las figuras antes consagradas. Durante esos años se hizo un cine menos comercial, con producciones como Raíces (1954), de Benito Alazraki, o ¡Torero! (1956), de Carlos Velo, que continuaron directores como Alberto Isaac, Sergio Véjar, Juan José Gurrola, Alberto Gout (Estrategia matrimonial, 1966), Servando Gonzáles (Viento negro, 1964), Alejandro Jodorowski (El topo, 1970, La montaña sagrada, 1972) y, sobre todo, ya en 1960 y 1970, Luis Alcoriza (Tarahumara, 1964, Mecánica Nacional, 1971) y Felipe Cazals (Los que viven donde sopla el viento suave, 1974, El Apando, 1975, o Canoa, 1976). Pero el interés por las obras de estos autores cultos desapareció al pasar estos años, especialmente con la crisis económica de la industria que sobrevino a finales de la década de 1970. De esa época sólo se conserva la casi total nacionalización de la industria cinematográfica y los trabajos de algún autor como Arturo Ripstein. Tras obtener éxitos como Los albañiles, basada en la novela de Vicente Leñero, Oso de Plata en Berlín en 1976, el cine mexicano cayó en picado: la quiebra económica entre 1979 y 1984 produjo la marcha de directores como Luis Alcoriza y una pérdida general de la calidad e interés de las producciones nacionales. Cine después de 1980 A partir de 1985 se asistió a un resurgir del cine mexicano, si no en la cantidad o en la fortaleza de la producción sí al menos en cuanto al interés y la calidad del cine realizado. A estos logros ha contribuido el apoyo financiero del Fondo de Fomento a la Calidad Cinematográfica instituido por el gobierno, y el de otras instituciones, como la Universidad Nacional Autónoma de México o la Universidad de Guadalajara, apoyos que unidos a la calidad de la formación del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos ha permitido la realización de producciones capaces de competir en los mercados exteriores. Entre éstas habría que destacar las películas de Arturo Ripstein Principio y fin (1993) y El callejón de los milagros (1994), basadas en las novelas homónimas del escritor egipcio Naguib Mahfuz. La segunda, con guión adaptado de Jorge Fons, fue galardonada en 1996 con el Goya de la Academia de Cinematografía Española a la mejor película. Del escritor colombiano Gabriel García Márquez adaptó en 1998 el relato El coronel no tiene quien le escriba. Otros realizadores destacados son Jaime Humberto Hermosillo, con La tarea (1991), y la directora María Novaro, con Danzón (1991), El jardín del Edén (1994), sobre los 'espaldas mojadas' que tratan de cruzar la frontera estadounidense en busca de la prosperidad soñada, o Diego (1986), documental de ficción sobre el pintor Diego Rivera.
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