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Pagina 3 de 3 Otra línea de autores importante desde 1960 es la surgida en la Escuela de Barcelona, que se caracterizó por su propuesta de estructuras narrativas abiertas e innovadoras. Entre los cineastas que aún siguen en activo destacan Gonzalo Suárez (Ditirambo, 1967, o El detective y la muerte, 1994) y Vicente Aranda (El Lute, camina o revienta, 1987, o Amantes, 1991), realizadores que por otra parte mantienen entre ellos pocos elementos en común. Durante la transición política y los años inmediatamente posteriores, se inició un estilo de cine de reflexión sobre la Guerra Civil, la posguerra y la vida durante el franquismo, en el que se combinan la denuncia, la sátira y la nostalgia, como muestran las producciones Las largas vacaciones del 36 (1975) o El largo invierno (1991), de Jaime Camino; Las bicicletas son para el verano (1983), de Jaime Chávarri, sobre obra teatral de Fernando Fernán Gómez; Asignatura pendiente (1977) y Volver a empezar (1982), Oscar a la mejor película extranjera, de José Luis Garci; La colmena (1982) y Los santos inocentes (1984), de Mario Camus; El año de las luces (1986), de Fernando Trueba; La vaquilla (1984), de Luis García Berlanga; o ¡Ay, Carmela! (1990), de Carlos Saura. Aunque los autores de esta generación han tocado otros temas, su desigual éxito ha hecho que desde el punto de vista comercial, salvo muy contadas excepciones (destacan casos aislados, como el de Amanece, que no es poco, 1988, de José Luis Cuerda), el cine español de la década de 1980 no haya obtenido grandes logros debido, en parte, a su dependencia excesiva de las subvenciones públicas. En consecuencia, la comercialización exterior ha sido mínima, y la producción extranjera doblada, especialmente la estadounidense, ha seguido predominando dentro incluso del mercado nacional. Al amparo del movimiento contracultural de la década de 1980, especialmente en Madrid y Barcelona, surgió un nuevo cine de pretensiones provocadoras, en un principio con vocación minoritaria, pero que más tarde ha resultado ser muy fructífero desde el punto de vista comercial. Dentro de esta corriente ha destacado, sobre todo, Pedro Almodóvar y, en una línea más convencional, el también productor Fernando Colomo. En Barcelona, entre las figuras más notorias se encuentra Bigas Luna con Bilbao (1978), Las edades de Lulú (1990) o Jamón, jamón (1992). En los últimos tiempos, ha surgido un movimiento de nuevos realizadores que comparten el afán por llegar al gran público, con un rango temático más amplio y una narrativa más ágil. Entre los directores que comparten estos objetivos se encuentran, entre otros, Juanma Bajo Ulloa (Alas de mariposa, 1991, La madre muerta, 1993, y Airbag, 1997), Alex de la Iglesia (Acción mutante, 1992, El día de la bestia, 1995, y La comunidad, 2000), Julio Médem (Vacas, 1992, La ardilla roja, 1993, y Los amantes de círculo polar, 1998), Mariano Barroso (Mi hermano del alma, 1993, y Kasbah, 2000), Icíar Bollaín (Hola, ¿estás sola?, 1995), Agustín Díaz Yanes (Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, 1995), Alejandro Amenábar (Tesis, 1996, y Los otros, 2000), Fernando León de Aranoa (Familia, 1996), Santiago Segura (Torrente, el brazo tonto de la ley, 1998) y Benito Zambrano (Solas, 1999). Fuera de los circuitos comerciales convencionales se sitúa la obra de José Luis Guerín, autor de filmes de corte documental como En construcción (2001).
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