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Pagina 1 de 3 En mayo de 1896 llegó a España el cinematógrafo de los hermanos Lumière, y en los meses siguientes varios operadores franceses filmaron los primeros cortometrajes documentales. El primer español en rodar con el cinematógrafo fue Eduardo Jimeno con Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza (1897). El primer filme argumental se debe a Fructuoso Gelabert (Riña en un café, 1897). 
Sin embargo, el inicio del cine de ficción argumental, que exigía ya de una infraestructura industrial básica, puso de relieve lo que sería el continuo problema de la producción cinematográfica española: la disparidad entre el abundante potencial creativo y la debilidad de la industria. A pesar de todo, antes de la I Guerra Mundial (1914-1918) existían en el país más de mil salas de exhibición y una veintena de productoras. Durante el conflicto bélico se produjeron en España más de 200 películas. Al terminar la guerra, la industria europea se recuperó, desplazando a la española, que entró en un periodo de crisis. En el cine español habrá personalidades aisladas, sin continuidad suficiente que posibilite una producción competitiva a escala internacional y proteja el mercado nacional de la creciente colonización estadounidense. Los pioneros experimentadores, como Segundo de Chomón, que fue un gran innovador en el cine de animación, se vieron obligados a trabajar en Italia o en Francia. La producción nacional comenzó a basarse en la tradición literaria (Don Juan Tenorio, 1908, de Ricardo de Baños), en el costumbrismo folclórico (Malvaloca, 1927, de Benito Perojo) o taurino (Currito de la Cruz, 1925, de Alejandro Pérez Lugín y Fernando Delgado), y en episodios históricos tópicos (Agustina de Aragón, 1928, de Florián Rey), temas que durante años han dominado el panorama del cine español. La zarzuela filmada representaría en 1923 el 50% de la producción cinematográfica en España. Cine Sonoro La llegada del sonoro en 1929 causa un hundimiento de la producción nacional al tener que sonorizar las películas en el extranjero. Por ejemplo, La aldea maldita (1929), de Florián Rey, película mítica rodada en versión muda, se tuvo que llevar a París para grabar el sonido, se estrenó en esa ciudad, y tan sólo se exhibió comercialmente en versión sonora.
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