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Pagina 2 de 4 El Cine Sonoro Con la introducción del cine sonoro a finales de la década de 1920 surgieron nuevos géneros cinematográficos: las pantallas pasaron a estar dominadas por los musicales (con numerosas películas de bailes, sobre todo de Busby Berkeley) y filmes de gángsters, que trataban dos temas de actualidad: la Gran Depresión y la Ley Seca (por ejemplo, Hampa dorada, de Mervyn Le Roy, en 1930, o Scarface, el terror del hampa, de Howard Hawks, en 1932). El género clásico de los principios del sonoro pasó a ser un tipo de comedia conocida como screwball, caracterizada por un ritmo de acción rápido y un humor irreverente (Capra, Hawks). Lubitsch fue el maestro de este género, que posteriormente sería parodiado sobre todo por los hermanos Marx.
Surgieron numerosas películas de crítica social, entre cuyos temas figuraba la guerra (Sin novedad en el frente, de Lewis Milestone, en 1930). Sin embargo, también se desarrollaron otros géneros más ligeros. Así, el cine de terror alcanzó su apogeo a principios de la década de 1930 (El doctor Frankenstein, de James Whale, en 1931; Drácula, de Tod Browning, en 1931; King Kong, de Ernest B. Schoedsack, en 1933), y las películas del Oeste volvieron a florecer. El periodo estuvo caracterizado por el culto a las estrellas centrado en torno a actores como Marlene Dietrich, Mae West, Jean Harlow, Katherine Hepburn, Bette Davis, Humphrey Bogart o Clark Gable. A finales de los años treinta, Shirley Temple alcanzó la cumbre de su popularidad como estrella infantil. A finales de la década se impuso el color en el cine, cuyas posibilidades aprovechó sobre todo Walt Disney en sus películas de animación centradas en torno a las figuras de Mickey Mouse y el pato Donald. Las Décadas de 1940 y 1950 En 1941, el estreno de Ciudadano Kane, de Orson Welles, supuso un punto de inflexión para el cine estadounidense. Welles renunció a la narración cronológica y creó una obra de arte que revolucionó el lenguaje cinematográfico por su empleo novedoso de la profundidad de campo, la perspectiva de la cámara y los efectos sonoros. La década de 1940 estuvo dominada por el cine negro, cuya visión del mundo sombría y pesimista se reflejó sobre todo en numerosas películas policiacas, por ejemplo El halcón maltés (1941), de John Huston, inspirado en una novela de Dashiell Hammett; Perdición (1944), de Billy Wilder; y El sueño eterno (1946), de Howard Hawks, basado en un texto de Raymond Chandler.
En la década de 1950, la difusión de la televisión empezó a amenazar seriamente al séptimo arte. La industria cinematográfica intentó recuperar espectadores mediante la oferta de novedades técnicas (con pantallas más grandes como el CinemaScope o películas de efecto tridimensional) y de costosas superproducciones como Ben-Hur (1959), de William Wyler. El melodrama alcanzó su apogeo con las películas de Douglas Sirk (por ejemplo, Escrito sobre el viento, 1956) y Vincente Minnelli (por ejemplo, Como un torrente, 1959). La popularidad del musical también se mantuvo, con obras como Un americano en París (1951) o Gigi (1958), ambas dirigidas por Minnelli.
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