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Actriz de cine y teatro que ganó dos premios Oscar por sus papeles de Escarlata O'Hara en Lo que el viento se llevó (1939, Victor Fleming) y de Blanche du Bois en Un tranvía llamado deseo (1947, Elia Kazan). 
Nació en Darjiling, India, y su verdadero nombre era Vivian Mary Hartley. Aún no poseía una sólida formación académica cuando debutó en el papel de una estudiante en la comedia Things are looking up (1934), dirigida por Albert de Courville. Al año siguiente, cuando trabajaba en la escena londinense, fue descubierta y contratada por el productor de cine Alexander Korda. Su idilio fuera de la pantalla y su posterior matrimonio con Laurence Olivier no sólo la llevaron a las portadas de la prensa, sino que le ofrecieron la oportunidad de actuar junto a él. Su interpretación destacaba por la facilidad innata para identificarse con los papeles que representaba.
En las primeras películas para Korda, como Fire over England (1936, William K. Howard), Veintiún días juntos (1937, Basil Dean) y Callejón sin salida (1938, Tim Whelan), el aspecto felino y delicado de Leigh ocultaba su verdadero talento. Sin embargo, en la película Lo que el viento se llevó, papel que obtuvo en reñida competencia, su distante fragilidad se convirtió en el distintivo de su interpretación. Victor Saville, su director en Storm in a teacup (1937), había sabido detectar esta característica y fue quien le sugirió que se presentase para el papel de Escarlata, personaje que más tarde la convertiría en una de las principales estrellas del cine mundial.
Sin embargo, Leigh no logró alcanzar el mismo éxito en sus siguientes películas: El puente de Waterloo (1940, Mervyn LeRoy), Lady Hamilton (1941, A. Korda) y César y Cleopatra (1945, Gabriel Pascal). Su estilo orgulloso e inestable no volvió a aparecer hasta que interpretó el personaje de Blanche du Bois en la adaptación de la novela de Tennessee Williams Un tranvía llamado deseo, dirigida por Elia Kazan y con Marlon Brando como oponente, en lo que fue el mejor papel de toda su carrera. Mantuvo esta misma energía nerviosa y neurótica en dos películas menores: la adaptación de la novela de Terence Rattingan The deep blue sea (El profundo mar azul, 1955), dirigida por Anatole Litvak, y La primavera romana de la señora Stone (1961), dirigida por José Quintero. En ambas películas repitió la sensacional combinación de recatada coquetería y furia celosa, cualidades por las que se había distinguido en sus papeles de Escarlata y Blanche, confirmando que era una actriz mucho más intuitiva que académica.
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